Como porretera de pro publico emocionada este relato ganador del
I Certamen de Microrrelatos de Salorino: "Historias Embuchas".
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Cuando yo era niña, en Salorino, mi despertar olía a sábanas
blancas de algodón, a café de puchero, a leche recién cocida, al pan que se
escapaba por la puerta de la tahona para colarse por la ventana de la
habitación de mis tíos, donde yo dormía en un mullido colchón de lana.
Después de que mi madre me lavara la cara en el palanganero
antiguo, me sentaba a esperar mi desayuno, mientras, escuchaba hipnotizada el
tintineo de la cucharilla con la que mi tío removía su primer cafelito
negro del día en una tacita de porcelana.
El tiempo se paraba para mí en esa cocina, no necesitaba
nada más que estar allí y disfrutar del momento. Todo parecía estar en calma
hasta que los gallos enanos, que estaban en un tinao cercano, comenzaban
su canto animándonos a salir de ese mágico momento.
Salía a jugar a la puerta de la casa, con la tregua que la
sombra de las primeras horas de la mañana regalaba, pidiendo que me avisaran
cuando mi padre bajara a por agua hasta la Fuente del Lugar. Paradoja de los
avances del hombre: nos montábamos en un 600 para traer el agua que aún no
corría por todas las casas.
A mediodía llegaba otro gran momento, subíamos a los vinos y
entrábamos en el bar de Kubala, quien nos recibía con su gran sonrisa, y, mientras
los mayores se quedaban de pie, yo, como era la niña, la pequeña, me sentaba en
una mesa a tomarme el mosto y el pincho.
El tiempo volvía a pararse de nuevo, adormecido entre las
voces de la gente que se reencontraba –¡Hombre, mengano, cuánto tiempo!–, la
media luz que entraba por la puerta de cortinilla que daba al Coso y el rico
olor a comida que salía de la cocina.
Felicidades!!! Ahora eres una porretera ilustre!
ResponderEliminarbesos
Como me acuerdo de la cortinilla esa.A mi tb se me quedo grabada la imagen del coso a traves de ella (que curioso)...Muy bonito Ana...
ResponderEliminarQue envidia el saber a qué lugar pertenece cada uno. Espero descubrirlo algún día. Un beso.
ResponderEliminarAnita, felicidades por este evocador y premiado relato!!
ResponderEliminarMe ha recordado que a veces, por arte magia, empieza a ir todo despacito otra vez, cómo cuando éramos niños. Es ese justo momento, en el que vivimos únicamente el presente, sin pasado, sin futuro, sólo aquí y ahora... Creo que esos momentos son lo más parecido a la felicidad.
Un beso fuerte, Mabel. Ah! Y un abrazo de parte del pequeño violinista, que se alegro mucho por ti ayer.
Enhorabuena Ana. Qué emotivo tu microrrelato. Un beso. Pepa.
ResponderEliminarQue conste, que la leche era de mis vacas. Y el bar Kubala, donde trabajaba tu primo, era de mi tío. Un beso para una digna ganadora del premio de mi pueblo, al que cada día echo más de menos, aunque es cierto que cada vez voy menos, quizás porque busco lo que ya no encuentro.
ResponderEliminarDan ganas de seguir leyendo... Creo que deberías proponerte construir una historia en forma de novela a partir de esas vivencias. Transmites estupendamente el paso y el peso de los segundos, los minutos y las horas en los entornos rurales, que aún hoy se puede palpar... :-)
ResponderEliminarEsos recuerdos infantiles a medida que te haces mayor se hacen más presentes. ¿Porqué será?
ResponderEliminarEnhorabuena Ana!!! Es un gustazo que podamos conocer Salorino a través de tu maravilloso relato, que nos traslada con olores, sabores e imágenes a un determinado momento. Es como un cuadro impresionista. Sabía que ibas a ganar!!...así que sigue escribiendo, por favor.
ResponderEliminarUn beso grande
Natalia
Gracias por vuestros comentarios, así da gusto escribir.
ResponderEliminarIntetaré hacer la historia más larga, porque desde luego quedan mucha cosas por contar, como dice Gloraia según te haces mayor los recuerdos se hacen más presentes.
Me alegra haberós trasladado un poco a mi pueblito, tanto a los que lo conocéis como los que no.
Martín, no dejes de ir, no busques razones para ir, no hace falta...
Besos a tod@s
Ana.
es maravilloso, hace que sientas al leerlo las sensaciones, los olore, el calor de los que te quieren y echas profundamente de menos una infancia, aunque fuera un poquito parecida,
ResponderEliminargenial
Enhorabuena Ana! ya me había comentado mi hermana, estoy encantada que hayas ganado pero lo que más me gusta como has sabido describir unas vivencias que para ninguno de nosotros son ajenas, ya sabes comparto contigo y con muchos "porreteros" que vivimos fuera esa añoranza y cariño por nuestro querido Salorino. A ver si quedas otro día con Bea y te veo. Besos.
ResponderEliminarEnhorabuena, y gracias por recordar esos momentos.Puri (Kubala)
ResponderEliminarHola :
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